Mañana puedes ser tú…

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soy fotografo

 

Debo reconocer que no sé hacerlo. No sé cómo pedir respeto a una profesión que está completa y absolutamente prostituida. No sé cómo hacer valer un trabajo sin que los que no son del sector no levanten la ceja y te digan eso de “qué borde, niña”. No sé cómo conseguir que las disciplinas artísticas sean respetadas.

Recientemente me han escrito un email pidiéndome permiso para publicar unas cuantas de mis fotografías en un libro. Ya sabemos todos qué es lo que significa esto, pero amablemente respondí al mail preguntando cuál era su presupuesto para intentar ajustar la tarifa al máximo posible. Tampoco os va a sorprender su respuesta. Es decir, no tiene presupuesto, es un trabajo personal, puede que lo publiquen o no, y sólo puede “regalarme” una mención a pie de foto.

Este señor quiere publicar una historia musical en formato fotográfico, con lo cual necesita fotos, está claro. Fotos que no tiene. Fotos que no quiere comprar. Pero eso sí, si publica el libro, lo venderá, al igual que vende la primera parte de esta historia por el módico precio de 13 €.

Sin embargo, de nada sirve que yo le responda que se está lucrando del trabajo de una serie de profesionales (que tienen que pagar sus facturas como todo hijo de vecino) si detrás hay gente a la que no le importa hacer este trabajo gratuito sólo porque “lo van a publicar” y eso mola o porque “total ya están hechas, no importa”.

Mientras estudié mi master de fotografía, conocí a Eduardo y me hice fan de forma inmediata. Él decía que personas con dedo índice somos todas, que es lo que necesitamos para disparar una foto. Pero ser fotógrafo es algo más que tener dedo índice. Y eso es lo que intentamos conseguir todos los que amamos esta profesión. Que no sólo es un hobby, que no es sólo algo que amamos, que no es sólo algo que nos hace sentir bien, sino que es nuestra profesión. Una profesión con la que pagamos nuestras facturas, nuestras hipotecas, con la que comemos todos los días (porque sí, señores, los fotógrafos también tenemos el vicio de comer a diario), para lo cual tenemos que vender nuestro trabajo. No regalarlo. No cederlo. Sobre todo, y como mínimo, respetarlo. Porque las menciones a pie de foto no pagan facturas.

Siempre que me he cabreado por el tema de uso de mis fotografías sin pedir permiso, sin mención, sólo porque están en internet, me han dicho que “es que la gente no sabe que eso no se puede hacer”. Bien. Entonces… ¿cómo hacemos para que se sepa, que se entienda, que se comprenda? Pero… cuando piden permiso… qué guay, al menos piden permiso. Pues no señores, de nada  sirve que nos pidan permiso para publicar unas fotos donde por detrás hay un negocio, hay un beneficio, hay un ánimo de lucro, y que nos conformemos con una mención a pie de foto.

Ojalá, algún día, todos comprendamos (profesionales o aficionados), que el trabajo, sea cual sea su índole y su naturaleza, HAY QUE RESPETARLO.

Ojalá este señor, y todos los que piensan como él, entiendan que lo que quieren es lucrarse del trabajo de otros profesionales.

 

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